Algunos dicen que estos son los tiempos de la 4ª revolución industrial, otros, del trabajo 4.0. En cualquier caso, una característica clave de nuestros días sería, ya no la automatización (eso es cosa antigua), sino la incorporación de inteligencia a la actividad empresarial.

En los casos más avanzados, se tratará de inteligencia artificial, aunque, si bien ella ya está entre nosotros, lo cierto es que da la impresión de que aún falta para que en forma generalizada penetre en la actividad del día a día. En tiempos de avance exponencial es difícil prever cuánto falta, pero lo cierto es que aún falta.

Ahora bien, hay un tipo de inteligencia que sí está al alcance de la mano, incluso para las tan mentadas PYME, que son la mayor parte de las empresas, en cualquier país que uno se desempeñe. Esa inteligencia es la que se puede (¡se debe!) incorporar a los procesos de negocio. Y es importante hacer notar que por proceso de negocio debe entenderse aquí a todo tipo de proceso, de aquellos que vulgarmente llamamos “administrativos”.

Aquí le pedimos al lector que piense si alguna vez sintió estar perdiendo ventas, simplemente por no realizar un seguimiento sistemático de las oportunidades comerciales. O bien haber visto que cosas tan sencillas como la rendición de gastos de un viaje, se transforma en un trámite odioso, por lo burocrático. O, tal vez, lamentarse por perder un cliente, simplemente por no haber dado respuesta a un reclamo que era una tontería, pero que no se atendió como correspondía.

Y con frecuencia eso pasa, no por no tener los procesos adecuados, sino porque no le estamos incorporando la suficiente inteligencia a esos procesos.

¿Qué significa incorporarle inteligencia a los procesos? ¿Asegurarnos de que estén diseñados de manera correcta? ¿Asegurarnos de que todos los involucrados conozcan el proceso, qué deben hacer, cómo y cuándo? A estas alturas, ciertamente que esas son cosas básicas. Incorporarle inteligencia a los procesos es algo más que eso, por ejemplo:

  • Asegurar que la ejecución (no solo el diseño) del proceso sea la adecuada. Que en cada situación se haga lo que corresponde y de acuerdo a lo estipulado, según el caso.
  • Cada vez que se detecta que es necesario cambiar algo en un proceso, poder hacerlo fácil y rápidamente.
  • Obtener en tiempo real todas aquellas mediciones e indicadores que permitan detectar dificultades, ineficiencia, cuellos de botella para que, a partir de eso (¡fundamental!) tomar las acciones correctivas necesarias para mejorarlo.

Por todo esto es que afirmamos que ya no alcanza con la gestión por procesos. Para no quedarnos atrás, lo que necesitamos hoy es la gestión por procesos con inteligencia incorporada.

Afortunadamente, quienes trabajamos en ello, hoy tenemos una herramienta que nos facilita la vida: Flokzu.

Si le interesa conocer más, no dude en contactarnos. Desde MODUM le ayudaremos a conocer más sobre Flokzu y a que rápidamente pueda incorporarlo a su empresa.

Y de esa manera, pronto podrá pasar de una gestión por procesos a una gestión por procesos con inteligencia incorporada.


Si desea más información sobre cómo mejorar la productividad incorporando inteligencia a los procesos de su negocio, visite nuestra página sobre el tema.