Hace varios siglos, Séneca decía: “si no sabes hacia dónde se dirige tu barco, ningún viento te será favorable”.

Pero, si bien conocer el destino es necesario, solo se aprovechará el viento si el capitán del barco sabe que vela utilizar en cada momento y cómo hacerlo.

¿Es importante la gestión profesional para el éxito empresarial?

En primera instancia, todos respondemos con seguridad: “claro que sí lo es”.

Sin embargo, la realidad es otra. La mayoría de nosotros no cree realmente que la gestión profesional es importante para que las organizaciones logren resultados sostenibles. Más aún, no creemos que la gestión sea una profesión.

¿Quién duda en buscar al mejor cirujano, al más actualizado y con más amplia experiencia cuando va a operarse del corazón?

O buscar al mejor ingeniero calculista cuando diseña la estructura de un edificio. O al contador más actualizado y conocedor de las normas tributarias para realizar la liquidación de impuestos de su empresa.

Pero ¿en manos de quién ponemos la gestión de nuestras organizaciones?

Mire alrededor. ¿Cuántas organizaciones, sean pymes o grandes empresas, públicas o privadas, comerciales o sin fines de lucro, están en manos de personas que se han especializado en gestión, que son profesionales de la gestión? Personas que conocen y saben aplicar las herramientas, procesos y prácticas más actualizadas y las que mejor conducen a las organizaciones a lograr sus objetivos, tanto financieros como no financieros.

¿Cuántas de las organizaciones que conocemos están en manos de personas que no tienen otro mérito que ser el hijo del dueño, el político que no llegó a los votos suficientes para estar en el parlamento, o personas que, si bien son expertos en otra área, suponen que pueden gestionar bien una organización sin estudiar ni  especializarse en ello?

No es lo mismo, argumentamos. En manos de un cirujano ponemos nuestra vida; si toma malas decisiones nos puede matar.

Pero, en manos del directivo de una organización solo ponemos el desarrollo personal y la calidad de vida de sus trabajadores y sus familias, el cuidado del medio ambiente dónde la misma actúa, la preservación de un clima de negocios honesto y transparente, la salud y seguridad de los clientes, la generación de fuentes de trabajos de calidad y la competitividad del país, …

Pensándolo nuevamente, ¿es razonable que en un caso exijamos que sea un especialista, un profesional, y en el otro no?

Lo que pasa es que realmente no creemos que la gestión profesional sea fundamental para el éxito sostenido de las empresas.

Esta forma de pensar no tendría consecuencias si fuese cierto que la gestión es poco relevante y que no tiene mucho impacto en los resultados de las organizaciones. Entonces no habría problemas con admitir que cualquier persona con buena voluntad puede estar al frente de una organización, que no se necesitan profesionales.

Pero, la verdad es otra. Muchísimas investigaciones[1], hechas tanto en Uruguay y en el resto del mundo, analizando organizaciones de distintos sectores de actividad, diferentes tamaños y antigüedad, demuestran inequívocamente que aquellas que están gestionadas profesionalmente logran mejores resultados, tanto financieros como no financieros: mejor rentabilidad, más crecimiento, personal más satisfecho y motivado, mayor satisfacción y lealtad de los clientes, más innovación.

Estos estudios demuestran que la gestión profesional es clave para que las organizaciones alcancen el éxito sostenible. Que la gestión no se puede improvisar, como tampoco se improvisa en una operación al corazón.

Y no se trata solamente de que las organizaciones tengan mejores resultados. Este tema es realmente relevante porque la competitividad de un país o región depende, en última instancia, del nivel de productividad que pueden alcanzar las organizaciones que allí se desarrollan. No sería erróneo indicar que la productividad de las organizaciones es la única fuente importante de un crecimiento económico, un progreso social y un mejor nivel de vida real y sostenible.

La calidad de vida de los habitantes de un país depende, en gran medida, de cómo actúan, y de los resultados que logran, sus organizaciones. De la calidad de los productos y servicios que brindan, del desarrollo personal y la calidad del trabajo que ofrecen a las personas, del cuidado que tienen con el medio ambiente donde actúan, de la lealtad y ética con la que compiten, de la forma como satisfacen las necesidades genuinas de sus clientes.

Estos resultados no serán beneficiosos para toda la sociedad y sostenibles en el tiempo si las organizaciones no son gestionadas de forma profesional.

Y el gran problema que aparece cuando las organizaciones no están dirigidas por profesionales es que, al no estar preparados -o peor, creer que no necesitan preparación específica para gestionar-  tienden a poner toda la responsabilidad de los escasos resultados de sus organizaciones en factores externos: en el costo e ineficiencia del Estado, en el tipo de cambio, en la devaluación de Argentina, en el sindicato, … Cosas que están fuera de su control y por eso el directivo no se siente responsable por lo que le sucede.

Sin duda, todos estos factores externos impactan en los resultados de las organizaciones, pero su impacto es menor al que tiene la gestión. Las investigaciones muestran que, en el largo plazo, la mayor parte de la variación de los resultados organizacionales se deben a la forma en cómo es gestionada (cerca del 70%). Esto es, la mayor parte de los resultados de una organización están en las propias manos de los directivos y no de los factores del entorno que no controlan.

Si realmente queremos mejorar la competitividad de nuestras organizaciones y, en consecuencia, la calidad de vida de los ciudadanos, debemos dar tres pasos fundamentales:

  • Transformarnos en “creyentes”.

Creer realmente que las organizaciones deben estar dirigidas por profesionales. Convencernos de que la gestión profesional es condición necesaria para el éxito de las organizaciones y para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes de nuestro país. Todo arranca con la fe, con el convencimiento. Nuestras creencias determinan nuestros comportamientos.

Hay muchos testigos -y muchas investigaciones-, a los cuales podemos recurrir para convencernos de esto. Investigaciones que demuestran la importancia de la gestión profesional para el logro de los resultados organizacionales.

  • Exigir que los que dirigen nuestras organizaciones sean profesionales de la gestión.

Exigir que las personas que estén a cargo de nuestras organizaciones, que en definitiva son aquellas instituciones a quienes confiamos la seguridad y calidad del trabajo de las personas, los recursos que tenemos como sociedad para que se apliquen eficientemente a la producción de bienes y servicios que satisfagan necesidades reales, los valores y actitudes que definen el clima de negocios, la posibilidad de que nuestros nietos sigan disfrutando del medio ambiente, etc. sean realmente profesionales.

No es algo imposible, no es algo novedoso. Lo hacemos en muchos otros ámbitos y profesiones, que hasta tienen menor impacto en la calidad de vida de todos los ciudadanos. Ya en muchos ámbitos exigimos que las personas que ejercen una función tengan las competencias necesarias y sean profesionales en ello.

  • Capacitar y mantener actualizados a los profesionales que gestionan las organizaciones.

Tal como se hace en otras profesiones, recurrir a las universidades, a centros de capacitación de ejecutivos y consultores que pueden apoyar en estas tareas. Sobre todo, recurrir a aquellas instituciones que generan conocimiento actualizado a través de investigaciones, ya que en un mundo globalizado y con cambios exponenciales como el nuestro es fundamental que la gestión se mantenga al día.

Si queremos llegar al destino que nos proponemos, pongamos nuestro barco en manos de un capitán profesional, que conozca que velas utilizar en cada momento y sepa hacerlo eficazmente para aprovechar los vientos que soplan.

 

[1] Trabajos como los de A. de Waal que, investigando más de 2000 organizaciones de todo tipo y en muchos lugares del mundo, comprueban que las empresas que aplican bien las prácticas de gestión de alto desempeño logran mejores resultados. O las investigaciones de Bloom et al. que, además de demostrar que las empresas mejor gestionadas logran mejores resultados, verifican que la diferencia entre los resultados de las empresas dentro de un mismo sector industrial o en un país se deben mucho más a la gestión que a factores ligadas al sector o país. O el trabajo de Algorta et al. que encuentra, en sintonía con otras muchas investigaciones en otros países, que en las empresas uruguayas que se postularon al Premio Nacional de Calidad los factores de gestión explican cerca  del 70% de la variación de los resultados financieros. O  el índice de saludo organizacional (OHI) de McKinsey que expone una correlación positiva entre la buena gestión de las empresas y los resultados empresariales.

 


Referencias:

Algorta, M., Auliso, R., González, A., Mandirola, N., Miles, J., Sorondo, A., Zeballos, F. (2012). Prácticas de gestión que dan resultados. La experiencia de organizaciones de alto desempeño en el Uruguay. Grupo Magro,  Montevideo.

Bloom, N., Mahajan, A., McKenzie, D., Roberts, J. (2010). Why do firms in developing countries have low productivity? American Economic Review: Papers & Proceedings, 100:2, 619-623.

Bloom, N., Genakos, C., Sadun, R., Van Reenen. J. (2011). Management Practices Across Firms and Countries. CEP Discussion Paper No. 1109. London School of Economics and Social Science.

Bloom, N., Eifert, B., Mahajan, A., McKenzie, D., Roberts, J. (2013). Does management matter? Evidence from India. Quarterly Journal of Economics, 128(1): 1-51.

Boom, N., Brynjolfsson, E., Foster, L., Jarmin, R., Patnaik, M., Saporta-Eksten, I., Van Reenen, J. (2017). What Drives Differences in Management?” NBER Working Paper No. 23300, March 2017, JEL No. L2M2.

de Waal, A., & Frijns, M. (2011). Longitudinal research into factors of high performance: the follow-up case of Nabil Bank. Measuring Business Excellence, Vol. 15 No. 1, pp. 4-19.

de Waal. A. (2012). What Makes a High Performance Organization: Five Factors of Competitive Advantage That Apply Worldwide. Hilversum: Financial World Publishing.

McKinsey&Company (2017) Organizational Health Index