Lo esencial es invisible a los ojos

(El Principito,  Antoine de Saint-Exupery)

 

La importancia de los intangibles para la competitividad y rentabilidad de las empresas ha venido creciendo en las últimas décadas. A principios de siglo explicaban entre un 20 a un 30 % del valor de una empresa, hoy del 80 a 85%. Para que empresas de todo tipo, tamaño, industria y país logren buenos resultados cada vez son más importantes los intangibles como: la reputación, la motivación del personal, una cultura de confianza y respeto, la capacidad para innovar, para trabajar en equipo y las relaciones personales, entre otros.

Como vivimos en una economía de intangibles, su medición y correcta gestión es lo que permitirá a las empresas generar valor a todas sus partes interesadas y contribuir al desarrollo sostenible de la sociedad.

Comúnmente se agrupan los intangibles en 4 categorías:

1) El capital humano, son aquellos intangibles vinculados a las personas. Este lo asociamos generalmente a las competencias, al saber hacer y para desarrollarlo pensamos en capacitación. Sin embargo, el otro componente imprescindible para un capital humano valioso es la motivación. Si una persona no está motivada para trabajar, no lo hará, por mejores competencias que tenga. El capital humano solo será útil si la persona voluntariamente lo pone a disposición de la empresa porque juzga que tiene motivos para hacerlo. Nadie puede obligar a otra persona a aprender, a aportar una idea, a emplear sus competencias. Son todos actos voluntarios.

2) El capital organizacional, los intangibles vinculados a la manera de proceder en la organización. Comprende, primero, la cultura, los valores, la confianza, el respeto; segundo, las prácticas de gestión: cómo se gestionan las personas, cómo se controlan las operaciones, cómo se establecen las estrategias, etc.; tercero, la capacidad tecnológica: cómo se integra y aprovecha la tecnología para generar resultados y, por último, la imagen, la marca y la reputación.

3) El capital relacional. Se trata de la “complicidad emocional” que desarrolla la empresa con sus clientes, sus proveedores y otras partes externas. Esa sensación de que “estamos para la misma”, que genera una identificación y cooperación que va mucho más allá y aporta más valor que la mera relación comercial.

4) El capital directivo, los intangibles vinculados a la persona que ocupa el cargo de dirección. Es más relevante cuanto más pequeña sea la organización. Por un lado, su conocimiento y capacidad de dirección: el directivo puede contratar todo, salvo la toma de decisiones y la dirección de la organización. Por otro, sus valores y estilo de dirección, que determinan la cultura de la organización. Piense en la confianza; si el directivo cree que las personas no son confiables, que solo trabajan si son vigiladas, desarrollará una cultura de mucho control y poca confianza. Por último, las relaciones personales del directivo: si tiene buenas relaciones con empresarios de distintas industrias aportará un valor insustituible, sobre todo en pymes.

Pese a la creciente importancia de los intangibles, en general no son adecuadamente considerados durante la toma de decisiones en la empresa. Principalmente, se debe a la dificultad de medirlos de forma sistemática y a que no aparecen reflejados en los estados contables, que es la principal fuente de información utilizada en las decisiones empresariales. En consecuencia, las empresas podrían estar tomando decisiones ignorando elementos intangibles que generan un alto valor e impactan en su competitividad y rentabilidad.

En definitiva, para mejorar su rentabilidad y competitividad las empresas deben tomar conciencia de la importancia de los intangibles y desarrollar mecanismos que permitan medirlos sistemáticamente e incorporarlos en la toma de decisiones.


Si le interesa conocer más de cómo mejorar la gestión de los intangibles en su organización, no dude en contactarnos. Desde MODUM le ayudaremos a conocer más como medirlos y tenerlos en cuenta al tomar decisiones empresariales.